domingo, 14 de enero de 2018

14/01/2018 – Domingo de la 2ª semana de Tiempo Ordinario.

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
Habla, Señor, que tu siervo escucha
Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19
En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el Arca de Dios.
Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió:
«Aquí estoy.»
Corrió adonde estaba Elí y le dijo:
«Aquí estoy, porque me has llamado».
Respondió:
«No te he llamado; vuelve a acostarte».
Fue y se acostó.
El Señor volvió a llamar a Samuel.
Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo:
«Aquí estoy, porque me has llamado».
Respondió:
«No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte».
Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor.
El Señor llamó a Samuel, por tercera vez . Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo:
«Aquí estoy, porque me has llamado».
Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel:
«Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”». Samuel fue a acostarse en su sitio.
El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores:
«¡Samuel, Samuel!».
Respondió Samuel::
«Habla, que tu siervo escucha».
Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.
Palabra de Dios.
Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
« – Como está escrito en mi libro –
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R.
SEGUNDA LECTURA
¡Vuestros cuerpos son miembros de Cristo!
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, l3c-15a. 17-20
Hermanos:
El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios?
Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!
Palabra de Dios.
Aleluya Cf. Jn 1, 41. 17b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Hemos encontrado al Mesías, que s Cristo;
la gracia y la verdad nos han llegado por medio de él. R.
EVANGELIO
Vieron dónde vivía y se quedaron con él
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».
Palabra del Señor.


Domingo de la 2ª semana de Tiempo Ordinario. – 14/01/2018

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO
Comentario Pastoral
DESCUBRIR LA PROPIA VOCACIÓN
Las páginas más bellas y sugestivas de la Biblia son aquellas que nos presentan la vocación de hombres concretos que han tenido papel importante en la historia de la salvación: Abrahán, Moisés, Samuel, David, Isaías, etc. Las escenas de la vocación revelan a Dios en su majestad y en su misterio, y al hombre en su verdad, en su aceptación. Toda vocación bíblica es una elección por parte de Dios para una misión histórica particular.

La primera lectura que se lee hoy es un expresivo ejemplo de la llamada personal de Dios y de su diálogo con el hombre. Por tres veces, durante la noche, el joven Samuel oye una voz que lo llama, pero no sabe de dónde viene. Ayudado por el viejo sacerdote Elí, descubre la llamada decisiva del Señor y responde con prontitud y disponibilidad; “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”.

Es paralela la llamada de los primeros discípulos de Cristo, que nos narra el evangelio. Importa constatar una vez más que la iniciativa de la llamada parte de Cristo; es fruto de un ansia y de un interés que el hombre tiene en el corazón: ¿Qué buscáis?; es un descubrimiento progresivo: “venid y lo veréis”. En el itinerario de toda vocación se deben considerar siempre los binomios fundamentales: buscar encontrar y seguir permanecer.

La alegría que Andrés ha experimentado al encontrar a Jesús y reconocer en él al Mesías, la hace partícipe a su hermano Simón, llevándole hasta el Maestro. Este encuentro entre Jesús y Simón está iluminado por la mirada de amor y de predilección con la que Cristo acoge al nuevo discípulo, al que cambia el nombre para significar su misión particular en la Iglesia: ser roca sólida, estable y fundamental.

Es, pues, necesario descubrir la propia vocación, la “verdad interior” que Dios nos ha dado. Realizarse como persona depende de la capacidad que cada uno tiene para discernir el proyecto divino escrito en lo profundo del corazón humano. La vocación cristiana es el riesgo gozoso de llegar a ser creaturas nuevas con nombre nuevo en beneficio de todos.
Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Samuel 3, 3b-10. 19Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10
san Pablo a los Corintios 6, l3c-15a. 17-20san Juan 1, 35-42
de la Palabra a la Vida
El misterio del bautismo de Cristo que celebrábamos el domingo pasado intenta la Iglesia que sea el día que nos introduce también en el Tiempo Ordinario en el que vivimos ya hasta que llegue el Miércoles de ceniza. Es por eso que las lecturas que hoy se nos presentan, a la vez que nos recuerdan este misterio del Jordán nos inician en la vida pública de Cristo, algo, paradójicamente, nada “ordinario”.

Cristo va a comenzar su vida pública invitando a otros a entrar en una relación con Él. Para poder seguirle por el camino es necesario reconocer en Él al siervo de Dios, al cordero de Dios que se sumerge en las aguas de la muerte para obtener la vida eterna, el perdón para los suyos. El que era reconocido en el Jordán como “siervo” hoy lo es como “cordero”: una misma palabra hebrea se esconde detrás de ambas, con lo que podemos ver cómo desde Juan y hasta los discípulos, todos reconocen en Cristo que el Espíritu de Dios se ha posado sobre Él, que cumple las Escrituras, que hay en su vida un elemento sacrificial que de alguna forma se manifestará, y también que seguirle, quedarse con Él, supone entrar en ese misterio suyo.

La vida cristiana es un seguimiento de Cristo que ha fascinado a los discípulos, a los rudos pescadores, que han encontrado algo nuevo en Él, algo que no son dotes humanos diferentes, llamativos, casi “televisivos”, sino que es algo que tiene que ver con Dios. Ellos tendrán que reconocerle -lo hará Pedro- como Mesías. Quien lo reconozca como Dios podrá reconocer también una llamada especial de su parte, como la que hace Dios en el misterio del templo a Samuel, en la primera lectura: “Habla, que tu siervo escucha”. Cristo será el siervo que escucha la voluntad del Padre, el siervo que escucha, durante toda su vida y hasta el misterio de la cruz. Los discípulos son llamados a escuchar del Maestro que ha escuchado.

He aquí una preciosa característica del Tiempo Ordinario: es tiempo para que los discípulos escuchen. ¿Voy a ponerme a la escucha? ¿Voy a atender a la Palabra de Dios con esa confianza con la que lo hace Samuel? Podremos descansar como él si también en nosotros se da esa confianza en el Señor: Él hará que, si atendemos, brote de nuestros labios “un cántico nuevo”, una vida nueva. La vida siguiendo al Señor es siempre una vida nueva. ¿Qué vamos a encontrar en Jesús? ¿Qué vamos a encontrar en este Tiempo Ordinario? Un cántico nuevo.

Un canto que brota de nosotros desde nuestra debilidad, como hace Cristo, que al mostrarse como corderillo manso no va a mostrar sino la confianza en el Padre. ¿Cómo voy a aceptar la experiencia de la debilidad? ¿Cómo voy a aceptar pagar por otros, perdonar, padecer la injusticia? El testimonio cristiano brotará de nosotros en todas esas circunstancias, pero sólo si no lo improvisamos, sólo si estamos dispuestos a estar “con Él”, como aquellos discípulos del evangelio. 

Ya está claro: ¿para qué queremos este tiempo? Para experimentar también nosotros la debilidad de Cristo. Suena tan mal, pero hace tanto bien… es el cántico nuevo. Lo vamos a contemplar hacer milagros, curar, enfrentarse… pero en ese poder se manifiesta una debilidad que también nosotros tenemos que vivir, en feliz obediencia no al mundo, no a nosotros mismos, sino a la voluntad del Padre.
Diego Figueroa

domingo, 7 de enero de 2018

07/01/2018 – Domingo. El Bautismo del Señor.

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
Mirad a mi siervo, en quien me complazco
Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7
Esto dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará.
Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas».
Palabra de Dios.
Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.
El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R.
SEGUNDA LECTURA
Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10,34-38
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
– «Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
Palabra de Dios.
Aleluya Cf. Mc 9, 7
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Se abrieron los cielos y se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». R.
EVANGELIO
Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 7-11
En aquel tiempo, proclamaba Juan:
«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».
Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
Palabra del Señor.


Domingo de la 2ª semana de Navidad. Epifanía del Señor – 07/01/2018

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO
Comentario Pastoral
ELOGIO DEL BAUTISMO
Sobre el Bautismo se han escrito muchos libros desde una óptica teológica, litúrgica, espiritual y pastoral: no es de extrañar, pues toda la vida cristiana se construye, se desarrolla y se consuma a partir del bautismo.

Los Padres de la Iglesia escribieron páginas imborrables basándose en los ritos de la liturgia bautismal y comentando las palabras de la Escritura que los inspiran. Quizá uno de los más bellos textos, que data del siglo cuarto, corresponde a San Gregorio Nacianceno. Volver a leer y meditar hoy este venerable y maravilloso texto es beber el agua más pura de la tradición de la Iglesia. Su síntesis sobre el bautismo es difícilmente superable: “El bautismo es un resplandor para las almas, un cambio de vida, el obsequio hecho a Dios por una conciencia bondadosa. El bautismo es una ayuda para nuestra debilidad.

El bautismo es el desprendimiento de la carne, la obediencia al Espíritu Santo, la comunión con el Verbo, la restauración de la criatura, la purificación del pecado, la participación de la cruz, la desaparición de las tinieblas. El bautismo es un vehículo que nos conduce hacia Dios, una muerte con Cristo, el sostén de la fe, la perfección del espíritu, la llave del reino de los cielos, el cambio de la vida, el fin de nuestra esclavitud, la liberación de nuestras cadenas, la transformación de nuestras costumbres. El bautismo es el más bello y el más sublime de los dones de Cristo.

Nosotros lo llamamos don, gracia, bautismo, unción, iluminación, vestido de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo que hay de más precioso. Don, porque se confiere a aquellos que nada aportan; gracia, porque se da incluso a los culpables; bautismo, porque el pecado queda sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real como son los ungidos; iluminación, porque es luz brillante; vestido, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y porque es manifestación del señorío de Dios”.

En las palabras antecedentes, plenas de simbolismo, de espiritualidad y de hondura teológica, queda patente la importancia y el valor del bautismo cristiano, que es anuncio eficaz de la salvación que nos ha sido ofrecida por pura iniciativa de Dios. 

Hoy todos los bautizados deberíamos recordar que Jesús descendió hasta las aguas del Jordán y recibió el bautismo de Juan, para que nosotros podamos subir y alcanzar la liberación del mal por medio de la efusión purificadora del Espíritu.
Andrés Pardo

Palabra de Dios:

San Juan 4,11-18Sal 71, 1-2. 10-11. 12-13
san Marcos 6, 45-52
de la Palabra a la Vida
En su breve relato del bautismo de Jesús en el Jordán, san Marcos dibuja un relevo en la misión, en la que el testigo pasa de Juan a Cristo por la unción en el Jordán. Juan ha terminado prácticamente su misión: “viene otro…”. Ese otro es Cristo, que recibió el bautismo en oración y con Él el don del Espíritu, para poder decir de Él lo que el profeta Isaías anunciaba en la primera lectura: “Mi siervo, mi elegido, sobre el que he puesto mi Espíritu”.

A partir de ahora, de hecho, el bautismo será eso: recepción del don del Espíritu. Si Juan por el agua invitaba a la conversión, Jesús por el agua y el Espíritu transforma al hombre, por acción divina. El Espíritu que da testimonio del Mesías, que reconoce, desde el principio del evangelio, quién es Jesús y a qué viene, marcará a los hijos de Dios para que vivan una vida nueva. De esta forma, no es solamente que el Espíritu actúe en nosotros en nuestro bautismo y que hoy sea un día oportuno para dar gracias infinitas a Dios por semejante don, sino que también Cristo recibe el don del Espíritu que le capacita para la misión, para ser el siervo de Dios.

Cristo ofrece en las aguas santificación a los hombres y estos pueden responder con una vida nueva. En ella, “mi fuerza y mi poder es el Señor”, no es mi acción, no es mi planificación, no es mi astucia o mi memoria, sino que es el Señor. Es más, “él fue mi salvación”, no lo fue mi perfección, ni mi inteligencia ni mi buen hacer, sino que lo fue el Señor.

Nuestra vida se encuentra en adelante marcada por el bautismo de Cristo, en el que se ha despojado de su poder para dárnoslo a los hombres, pero de tal forma que sólo es accesible para nosotros si reconocemos de dónde viene. Por eso, del mismo modo que Jesús acoge su misión salvadora mesiánica de forma pública en el Jordán, el hombre está llamado desde su bautismo a reconocer la función mesiánica de Cristo.

En su bautismo representa visiblemente que Él va a cargar, por el don del Espíritu, con los pecados de todos, y que estos le van a conducir a la muerte. Jesús no acepta su entrega salvadora al final de su misión, en Getsemaní, como algo que aparece por sorpresa: Jesús entra en las aguas del Jordán para manifestar que acoge la muerte expiatoria, obediente al Padre, para nuestra salvación. El consentimiento libre, humilde, humano, de Cristo encuentra aquí el reflejo del sí de su madre al ángel. El Hijo no es que haya aprendido a obedecer, es que ha aprendido de su madre. Cuando la Iglesia entra en la celebración litúrgica se sumerge con ese mismo espíritu en las aguas del Jordán: allí asume con humildad y por la gracia la misión salvadora del mundo, su colaboración en la obra de Cristo.

¿Puedo experimentar yo también mi deseo de entregarme como Cristo cuando celebro la liturgia en la Iglesia? ¿Puedo reconocer que recibo el don del Espíritu en los sacramentos para participar de su entrega? En su bautismo Cristo manifiesta su capacidad para acoger la voluntad del Padre. La que ha acogido durante treinta misteriosos y ocultos años.

Ahora, en la celebración de la Iglesia, yo soy llamado a hacer lo mismo, para ello se me da el Espíritu Santo. El Mesías se manifiesta ante el mundo como el que salva a los hombres introduciéndolos en su misterio, en su obra salvadora.
Diego Figueroa

sábado, 6 de enero de 2018

06/01/2018 – Sábado de la 2ª semana de Navidad. Epifanía del Señor.

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
La gloria del Señor amanece sobre ti
Lectura del libro de Isaías 60, 1-6
¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.
Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y ta ti llegan las riquezas de los pueblos.
Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá.
Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
Sal 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.
En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.
Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
póstrense ante él todos los reyes,
y sírvanles todos los pueblos. R.
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.
SEGUNDA LECTURA
Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6
Hermanos:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles .
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Palabra de Dios.
Aleluya Cf. Mt 2, 2
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Hemos visto salir su estrella
y venimos a adorar al Señor. R.
EVANGELIO
Venimos a adorar al Rey
Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
– «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y, venimos a adorarlo. »
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
– «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel.”»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
– «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.Palabra del Señor.

Dios quiere que todos los hombres se salven

ESCRITO POR COMENTARISTA 8 EL . POSTEADO EN COMENTARIO A LAS LECTURAS
Isaías 60, 1-6
Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 
Efesios 3, 2-3a. 5-6
San Mateo 2, 1-12
“Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”.
“También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio”. La Epifanía, o manifestación de Dios a todas las gentes, nos da la oportunidad, cada 6 de enero, de avivar en nuestros corazones el deseo por llevar a todos un único mensaje: “Dios quiere que todos los hombres se salven”. Y, curiosamente, la tradición cristiana se ha servido de la imagen de los “reyes magos” llevando regalos a los niños para que cale en todas las familias lo gratuito del amor de Dios. ¡Qué gran don el saber que hemos sido queridos por lo que somos, no por lo que tenemos!… ¡hijos en el Hijo! Semejante herencia jamás ha sido soñada por nadie en la historia de la humanidad. A pesar de todo, hemos dado por supuestas tantas cosas, que apenas valoramos el gran regalo de Dios.
“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”. Aquellos magos de Oriente debieron planear con sumo cuidado y detalle el viaje que emprenderían tras la Estrella. Lo curioso del relato es que no mostraron estupor ante la imagen de una familia que se alojaba dentro de una gruta porque carecía del bienestar más elemental. Todo lo contrario, el evangelista nos dice que “cayendo de rodillas lo adoraron”. Para aquellos que saben buscarla, es evidente que la gloria de Dios es capaz de darse a conocer entre lo más pobre y humilde.

lunes, 1 de enero de 2018

01/01/2018 – Lunes – Octava de Navidad. Santa María, Madre de Dios

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré
Lectura del libro de los Números 6. 22-27
El Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijo, esta es la fórmula con que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré».
Palabra de Dios.
Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
R. Que Dios tenga piedad y nos bendiga.
Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.
SEGUNDA LECTURA
Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7
Hermanos:
Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios.
Aleluya Heb 1, 1-2
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. En muchas ocasiones habló Dios antiguamente
a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. R.
EVANGELIO
Encontraron a María y a José, y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacía Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto; conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

El amor de una madre

ESCRITO POR COMENTARISTA 8 EL . POSTEADO EN COMENTARIO A LAS LECTURAS
Números 6, 22-27
Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 
Gálatas 4, 4-7
San Lucas 2, 16-21
“Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer”. ¡Qué hermosos son los ojos de una madre!… ¡Sí!, mirar el rostro de una madre es mirarse a uno mismo. No hay nada que podamos esconderle, tú y yo que estuvimos en sus entrañas, nada que explicar, ni nada que dudar. Nada como una simple mirada de una madre que entiende todo… y perdona todo. Cuando estuviste en el lecho del dolor, y ella estuvo velando por tu enfermedad… ¿qué otro remedio necesitabas? Su compañía, su entrega y su calor eran la única medicina que aliviaba tu dolor y tu angustia. ¡Qué gran significado adquiere la palabra amor en el corazón de una madre!… ¡y cuánto me gusta esta fiesta (primer día del año), dedicada a la Madre de Dios, y madre mía… Madre del amor hermoso!
“Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba!Padre”. Aún recuerdo aquel viejo cuento de un hijo desagradecido que, embrujado por el amor de una mujer malvada (y a petición de ésta), arrancó el corazón de su madre para entregárselo en una bandeja a la supuesta amada. Ése joven, corriendo por los caminos, desesperado, tropezó, cayendo herido y maltrecho… Cuenta la leyenda, que desde aquel corazón sangrante de la madre, que había rodado también por tierra, salió una voz: “¡hijo mío, ¿te has hecho daño?!
Si el amor humano de una madre puede contarse hasta estos extremos, ¿cuánto más puede significar el amor de Dios? La respuesta la tenemos en el hermoso regalo que nos ha dado en su Madre, la Virgen María. Son miles las anécdotas e historias que corren a lo largo de la historia, y que nos explican los favores recibidos por mediación de María. Abogada e intercesora nuestra que, desde la eternidad, suplica e implora ante Dios y su Hijo por nuestra salvación. Ella entendió como nadie lo que supone vivir en el servicio a Dios y a sus semejantes (¡es la llena de gracia!). Desde aquel primer “sí”, dado al enviado de Dios en Nazaret, pasando por el detalle de que no faltara vino a aquellos recién casados, hasta permanecer, angustiada y rota de dolor, pero firmemente anclada al pie de la Cruz de su Hijo…¡Cuánto nos ama Dios, y cuánto nos queda por agradecer!
“Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho”. Pero ahora, en este comienzo de año nuevo, aún queremos ver a la Virgen cambiando pañales a su Hijo y acariciando su rostro, a la vez que enjugamos también nuestras lágrimas (por tantas cosas que hemos de cambiar en nuestras vidas) con el borde su manto. ¡Todo ha sido tal y como se nos dijo!… Lo hemos visto y lo hemos oído: A ese Niño que fija su mirada en los hermosos ojos de su Madre, y también las palabras de aliento que salen de los labios de la Virgen y se dirigen a cada uno de nosotros: “¡anda, ve y haz lo que Él te diga!”

domingo, 31 de diciembre de 2017


31/12/2017 – Domingo Octava de Navidad. La Sagrada Familia: Jesús, María y José

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA

PRIMERA LECTURA
Quien teme al Señor honrará a sus padres
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14
El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madres sobre ellos.
Quien honra a su padre expía sus pecado, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.
Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.
Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.
Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.
Aunque pierda e juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en peno vigor.
Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.Palabra de Dios
Sal 127, 1bcd-2. 3. 4-5 
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.
Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.
Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.
SEGUNDA LECTURA
La vida de familia en el Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21
Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad humildad, mansedumbre y paciencia.
Sobre llevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.
Palabra de Dios
Aleluya Col 3, 15a. 16a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. La paz de Cristo reine en vuestros corazones
la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. R.
EVANGELIO
El niño iba creciendo, lleno de sabiduría
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 36-40
Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padre de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor

Domingo Octava de Navidad. La Sagrada Familia – 31/12/2017

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO

Comentario Pastoral
MARIDOS, MUJERES E HIJOS
La celebración litúrgica de la Sagrada Familia no puede reducirse a una conmemoración o a un recuerdo piadoso de una familia que triunfó allí donde muchas otras han fracasado. No puede ser simple contemplación de una familia para tomarla como modelo, ya que todos los hijos no son buenos como Jesús, ni todas las madres son comprensivas como María, ni todos los padres son acogedores como José. Pero es una fiesta de gran utilidad, que explica y hace resplandecer el significado profundo del amor familiar humano. De hecho Dios, a través de la Sagrada Familia, ha dado a todos la posibilidad de encontrar su grandeza y de caminar por la vía de la perfección.

La profecía de Simeón a María, que se lee en el evangelio de la Misa, “una espada la traspasará el alma”, expresa y resume las vicisitudes de dolor y sufrimiento no sólo de la Virgen, sino de las familias cristianas y de toda la humanidad. Pero desde la tiniebla del dolor se pasa a la luz del sentido redentor de la vida.

Frente a muchas contestaciones sociológicas y políticas, la fiesta que celebramos recordando a la Familia de Nazaret es una invitación a examinar la situación de nuestras familias desde la experiencia luminosa de la familia de Jesús. No se puede reducir la vida familiar a los problemas actuales de la pareja, perdiendo de perspectiva la apertura a los valores trascendentes. La familia debe ser siempre un signo transparente del diálogo Dios-hombre.

Maridos, mujeres e hijos son la estructura de la familia; el compromiso moral de cada uno debe hacerse desde una óptica común pero con diferencias específicas. Es verdad que todo debe analizarse según las nuevas coordenadas socio-culturales, para superar una vaga pastoral de la familia. Incluso las tensiones generacionales pueden ser consideradas no como mero fenómenos patológicos, sino como estímulos creativos. Todos tienen derecho a la palabra y todos deben ser capaces de escuchar, porque ninguno tiene respuestas definitivas. Para alcanzar la verdadera libertad humana hay que tratar a los otros como sujetos responsables y no como meros objetos.
Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14Sal 127, 1-2. 3. 4-5
Colosenses 3, 12-21San Lucas 2, 41-52
de la Palabra a la Vida
En los días en los que la Iglesia celebra el nacimiento de su Salvador, se ha insertado modernamente esta fiesta de la Sagrada familia que amplía de forma maravillosa e inesperada la grandeza del misterio que saboreamos: Dios ha querido nacer en el seno de una familia humana, ha querido tener una familia humana, para que la humanidad tenga una familia en Dios. Dios no salva individualidades aisladas, sino que salva haciendo parte de su familia. Él mismo se ha insertado en el seno de un matrimonio precisamente para que la humanidad que ha recibido de María sea inserta en la familia trinitaria. ¡Maravilla de las maravillas, Dios en una familia humana! Maravilla, en realidad, la voluntad divina, que acepta este milagro para que el hombre pueda estar en la familia divina.

Así, el admirable intercambio sobre el que los padres de la Iglesia tanto han escrito con la espiritualidad propia de estos días, absortos ante el Dios que se hace hombre para que el hombre se haga Dios, queda enriquecido en este “intercambio familiar”, que se da no para unos días o unas semanas, sino para la eternidad: Cristo nunca dejará ya de ser un hombre, al que siempre podremos referir a una familia humana, y nosotros ya no seremos tampoco separados de Dios, seremos para siempre parte de su familia.

Las mismas palabras del salmo adquieren una nueva dimensión: ¿cómo se acuerda Dios de su alianza eternamente? Haciendo una familia. La alianza, y así entendemos bien la alianza matrimonial, es el espacio que un hombre y una mujer crean para formar una familia feliz, fecunda, para siempre. La alianza con Dios es el espacio por el cual Él mismo nos introduce en su familia, de tal forma que lo que sucedió en un momento de la historia, en Belén de Judá, cambia, nos ofrece un destino nuevo a todos nosotros para siempre: una familia en el cielo, un hogar eterno, feliz, de comunión. El Dios que ha unido el cielo con la tierra en la Navidad (ya los ángeles con su canto nos anunciaban esa unión), ahora nos invita a asumir nuestra parte feliz de esa unión: ¡tenemos una gran familia!¡una familia que nos quiere!¡una familia que quiere acogernos siempre! Lo mismo a nivel personal que eclesial, podemos experimentar cómo esta fiesta nos anima a entrar en Dios con la misma confianza con la que Él mismo ha entrado en una familia humana.

Pero, ¿cómo afrontar, mientras llegamos a esa casa familiar, las relaciones con nuestra familia de la tierra? A eso se encargan de responder la primera y la segunda lectura. Son consejos que tienen una misteriosa intención también: reflejar el amor en la Sagrada familia. Buscan que mi experiencia familiar me acerque a mi familia divina. Las preguntas brotan inevitables: ¿cómo hago yo esto, cómo muestro a mi familia humana el amor de mi familia divina? ¿pongo ese amor, respondo con esas actitudes de amor, humildad, confianza, entrega, que manifiestan la unidad de Dios en nosotros?

Sí, es verdad, sabemos bien del sufrimiento hoy de tantas familias, de las dificultades en tantas y tantas casas que quieren ser auténticos hogares: no olvidemos las tribulaciones que también Jesús vivió con su familia en la tierra. Él sabe bien lo que se sufre para ser feliz en tantas ocasiones, por eso a la sagrada familia podemos encomendar en este día a todas las familias que sufren cualquier padecimiento: también ellas están llamadas a ser felices con la familia de la Trinidad eternamente, por el nacimiento de Cristo.
Diego Figueroa

lunes, 25 de diciembre de 2017

25/12/2017 – Lunes – Octava de Navidad. Solemnidad de la Natividad del Señor

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios
Lectura del libro de Isaías 52, 7-10
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la buena nueva, que pregona la justicia, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!.
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.Palabra de Dios
Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 
R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.
El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.
Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.
SEGUNDA LECTURA
Dios nos ha hablado por el Hijo
Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6
En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando siglos.
Él es reflejo. de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy”; y en otro lugar: “Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo”?
Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Nos ha nacido un día sagrado;
venid, naciones, adorad al Señor,
porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. R.
EVANGELIO
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1. 1-18
En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
El mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor

Lunes 25 de diciembre. Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

ESCRITO POR COMENTARISTA 7 EL . POSTEADO EN COMENTARIO A LAS LECTURAS
Celebramos el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué significa esto? Esta es una pregunta que ha ocupado la vida de Juan el Evangelista de cuyo Evangelio hemos escuchado parte del primer capítulo, el Prólogo. Este “himno” que es como el culmen de la meditación de toda la existencia del Apóstol, se nos propone hoy a nosotros para que nos introduzcamos en el Misterio que celebramos: la Encarnación del Verbo y la Manifestación de su Gloria.
El que nace en Belén, al que los pastores encuentran envuelto en pañales recostado junto a su Madre, es el Verbo eterno de Dios, que ha asumido nuestra naturaleza pecadora hecha de polvo y que debe retornar a la tierra. Es el que estaba desde el “principio” junto al Padre y que comparte su Naturaleza Divina. Aquel por el que todo fue hecho, el “Modelo” de la Creación especialmente de la del hombre, la fuente de todo lo que existe. Se hace hombre porque el hombre, hecho a su imagen, vivía en la tiniebla, porque a lo largo de la historia (de Salvación) había rechazado la Luz manifestada en la Obra de Dios y proclamada por los Profetas. Viene para ser acogido, para dar una nueva oportunidad al hombre, más aún, para que pueda llegar a ser hijo de Dios (cf. Jn 1,12).
Nunca jamás Dios se ha hecho tan cercano al hombre, por eso este Misterio que atraviesa el tiempo se pone año tras año delante de nuestros ojos para que con mirada contemplativa nos adentremos en esta verdad fundamental; el mundo, nuestra vida sólo cambiará si fijamos nuestra mirada en la Luz de la Encarnación, en la realidad de Dios que se hace carne, que viene a buscarnos a cada uno en nuestra tiniebla, a levantarnos de nuestras caídas, a sanar nuestras enfermedades y dolencias, a perdonar nuestros pecados y a ofrecernos una nueva vida de cuya plenitud ni ojo vio, ni oído escuchó, ni nadie puede imaginar ni esperar jamás.
Por esto hoy nos saludamos con entusiasmo diciendo Feliz Navidad, porque no podemos callar lo que hemos visto y oído, aquello que se nos ha revelado. Hoy más que nunca el mundo desea amanecer con este saludo, con esta noticia: “hoy en Belén de Judá, ha nacido el Mesías, el Señor”.