domingo, 24 de diciembre de 2017

24/12/2017 – Domingo – Comienza La Navidad – Vigilia de la Natividad del Señor

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
El Señor te prefiere a ti
Lectura del libro de Isaías 62, 1-5
Por amor a Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi predilecta», y a tu tierra «Desposada», porque el, Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá un esposo.
Como un joven se desposa con su doncella, así te desposan tus constructores.
Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu Dios contigo.Palabra de Dios
Sal 88, 4-5. 16-17. 27 y 29 
R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.
Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.
SEGUNDA LECTURA
Testimonio de Pablo sobre Cristo, hijo de David
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 16-17. 22-25
Cuando Pablo llegó a Antioquia de Pisidia, se puso en pie en la sinagoga y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:
«Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad:
El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso.
Después, les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo:
“Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.
Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús.
Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegará Jesús; y, cuando estaba para concluir el curso de su vida, decía:
“Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”».
Palabra de Dios
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Mañana quedará borrada la maldad de la tierra,
y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo. R.
EVANGELIO
Genealogía de Jesucristo, hijo de David
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 1-25
Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tarnar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequias engendró a Manasés, Manasés engendró a Amos, Amos engendró a Josías; Josías engendró a Jeconlas y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquin, Eliaquin engendró a Azor, Azorengendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.
Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.
Palabra del Señor

24/12/2017 – Domingo – Comienza La Navidad

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16
Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán:
«Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».
Natán dijo al rey:
«Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».
Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:
«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me va a construir una casa para morada mía?
Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos anta ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.
En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y el será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará por siempre”».Palabra de Dios
Sal 88, 2-3 4-5. 27 y 29 
R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.
«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R.
«Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”;
le mantendré eternamente mi favor,
y mí alianza con él será estable». R.
SEGUNDA LECTURA
El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27
Hermanos:
Al que pueda consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestando ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegarán a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios
Aleluya Lc 1, 38 
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. He aquí la esclava del Señor;
hagase en mí según tu palabra. R.
EVANGELIO
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿ Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contesto:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
Palabra del Señor

Domingo – Comienza La Navidad – 24/12/2017

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO
Comentario Pastoral
EL ADVIENTO DE MARÍA
La Navidad no se improvisa, hay que prepararla. Los afanes no pueden reducirse a preparativos ambientales de nacimientos, árboles, villancicos, luces, turrones y christmas. Es también necesaria una preparación interior con sensibilidad espiritual, activa; este es el sentido y la finalidad del Adviento que estamos viviendo.

El primer y mejor Adviento de la historia fue vivido por María durante nueve meses en expectación del parto del Salvador. Por obra del Espíritu la Palabra fue creciendo en sus entrañas hasta la gran manifestación de la Navidad. A ejemplo de María hay que vivir consecuentemente en Adviento, en expectación, dejándonos guiar por el Espíritu de Dios que obra maravillas en el interior.

María nos encubre a Dios en Adviento para descubrirnoslo en la realidad pletórica y nueva de la Navidad. El “sí” de María hizo posible la primera venida del Salvador; por eso ella es la que siempre le precede. ¡Qué consolador es saber que Dios viene siempre a través de María!

La Virgen del Adviento es la virgen joven de la anunciación, que se estremece ante el mensaje del ángel. Es la joven madre que aprende a amar a su hijo sintiéndole crecer dentro de sí. Es la creyente dócil que acepta los planes de Dios y encarna dentro de sí la Palabra por obra del Espíritu. Es la mujer, de la esperanza que, desde el silencio de Nazaret, se prepara a entregar al mundo la salvación, hecha carne en Jesús.

Cuando aguardamos la venida del Redentor levantamos los ojos hacia su Madre para llenarnos de gozo y de gratitud sincera. María es la puerta del cielo y la estrella del Adviento. Ella es claridad eterna que ilumina con luz de estrella prodigiosa las tinieblas de nuestro desconcierto.

Por eso desde hace mil años la Iglesia Universal en estos días canta esta antífona, que es una de las más conmovedoras plegarias: “Madre del Redentor, virgen fecunda / puerta del cielo siempre abierta, / estrella del mar / ven a librar al pueblo que tropieza / y quiere levantarse. / Ante la admiración de cielo y tierra, / engendraste a tu santo Creador, / y permaneces siempre virgen. / Recibe el saludo del ángel Gabriel,/ y ten piedad de nosotros, pecadores”.

María nos abre las puertas de la Navidad, preparadas por Isaías y el Bautista. Esperemos como ella la venida del Señor: con alegría y sobre todo con gracia.
Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16Sal 88, 2-14-5. 27 y 29
san Lucas 1,67-79
de la Palabra a la Vida
La inminencia de la celebración de la Natividad del Señor se advierte fácilmente en estas lecturas que hoy proclama la Iglesia. La promesa que David recibe de parte de Dios y de labios del profeta se cumplirá en su descendiente María, ella, descendiente de la casa de David, será el templo dorado, bellísimo, que contenga la presencia divina del Señor de un modo inefable, no en tablas de piedra, sino con una carne como la nuestra. La imagen de María en su respuesta confiada al ángel contiene el cumplimiento de todas las promesas antiguas, una de ella la de la primera lectura de hoy.

Por eso, sí, la Iglesia nos anima a volver hoy nuestra mirada al pasado para poder creer en lo que va a suceder en el presente. Sí, mañana contemplaremos su gloria, pero lo haremos si hemos creído firmemente que lo anunciado sucede, si en la memoria de tantos santos profetas y reyes, en las palabras de anuncio divinas, somos capaces de reconocer la silueta que a lo lejos y desde la ventana -diría el Cantar de los cantares- se nos atisba hoy. El fundamento de lo que creemos se ha ido asentando a lo largo de la historia, y todo el peso de las promesas y de los sucesos penden de
un hilo fino y bello: la propuesta del ángel a la virgen María. El peso del plan misterioso se pone en las manos de una joven nazarena. Si hoy no somos capaces de estremecernos ante el misterio de la voluntad de Dios, pues pocos días a lo largo del año este se muestra con tanta fuerza, ya todo resultará “lo de siempre”, “normal”.

Si a lo largo de este Adviento hemos seguido de cerca a la figura de la virgen María, ahora esta alcanza su belleza mayor, pues donde David, su padre, experimentó la negación de Dios, María recibe ahora, no por su poder, por su riqueza o por sus victorias, sino por su humilde fe, la confirmación, el sí de Dios que la invita a ofrecer su propio sí. Ella, que nos ha enseñado a esperar, que engarza en una inmensa cadena de creyentes que empieza en Abraham, ante esta respuesta y a partir de ella, va a conocer la soledad del creyente, la experiencia de soledad tan fuerte que acompaña en tantas ocasiones al creyente, aún sabiéndose parte de una historia milagrosa.

El ángel contiene y hace presente toda la historia del plan de Dios, de su aparecer ante los hombres y con ellos, por eso su marcha, su acción de dejarla sola, la pone en esa situación de incomprensión para el mundo que nos supera totalmente: ¿Cómo explicar haber recibido tan inefable don? ¿cómo dar fruto en tanto pequeñez? Con dos palabras se puede explicar, una la del salmo: “eternamente”. No es sólo que Dios conforte a los suyos y les ilumine, es que lo va a hacer siempre.

La segunda la pronuncia el ángel: “para Dios nada hay imposible”. La experiencia de la fe es la de quien contempla que Dios lleva a cabo lo imposible. Lo imposible supera los cálculos y la imaginación humana. Lo imposible es una invitación no a rebelarse o a reducir la fe a casualidades, sino a creer. María creyó, por eso hoy se nos anuncia la gloria de Dios y mañana la contemplaremos envuelta en pañales.

El fruto de la fidelidad de María no se veía, pero ello lo sabía y se mantuvo fiel. La Iglesia quiere aprender hoy de ella, y aunque no contempla frutos de santidad en tantas ocasiones, busca mantenerse fiel. Sigamos adelante, pues ella nos ha enseñado a creer y nos ha enseñado a saber.
Diego Figueroa

domingo, 17 de diciembre de 2017

17/12/2017 – Domingo de la 3ª semana de Adviento

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
Desbordo de gozo con el Señor
Lectura del libro de Isaías 61,1-2a.10-11
El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha puesto un traje de salvación, y me ha envuelto con un manto de justicia, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.Palabra de Dios
Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54
R. Me alegro con mi Dios.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R.
A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia. R.
SEGUNDA LECTURA
Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24
Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías. Examinadlo todo, quedaos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de mal. Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os llama es fiel, y él lo realizará.
Palabra de Dios
Aleluya Cf. Is 61, 1 (Lc 4, 18ac)
R. Aleluya, aleluya, aleluya
V. El Espíritu del Señor está sobre mí:
me ha enviado a evangelizar a los pobres. R.
EVANGELIO
En medio de vosotros hay uno que no conocéis
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran:
«¿Tú quién eres?»
Él confesó y no negó; confesó:
«Yo no soy el Mesías».
Le preguntaron:
«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?».
El dijo:
«No lo soy».
«¿Eres tú el Profeta?».
Respondió: «No».
Y le dijeron:
«¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿Qué dices de ti mismo?»
Él contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
«Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
Juan les respondió:
«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
Palabra del Señor


Domingo de la 3ª semana de Adviento – 17/12/2017

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO
Comentario Pastoral
“ALLANAD EL CAMINO DEL SEÑOR”
Posiblemente Juan Bautista, vestido con piel de camello y con rostro austero y curtido por el sol y el viento del desierto, asustaba a los niños que le veían. Y al hablar de penitencia y de conversión, impresionaba a los mayores. Pero, a pesar de todo, la gente le seguía y hacía caso, porque se daba cuenta de que era un hombre sincero, que no se buscaba a sí mismo. En el evangelio de este tercer domingo de Adviento, se lee la respuesta que dió a los sacerdotes y levitas que le preguntaban “quién era”: Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta; soy “la voz que grita en el desierto: allanad el camino del Señor”. Juan es la voz libre, sincera, testimonial, anunciadora, exigente, que vale la pena escuchar.

Juan nos lo recuerda: la vida es un camino. Debe ser camino transitable, sin baches, llano; camino con rumbo y destino. Nosotros lo entendemos cuando, al ver que alguien en el plano moral no obra rectamente, afirmamos que no va por buen camino. Aunque es verdad que el simbolismo real del camino no significa para nosotros hoy lo mismo que para los peregrinos medievales a Compostela o los nómadas de Oriente.

Desde que Abrahám se puso en camino para responder a la llamada de Dios, comenzó una inmensa aventura para el hombre creyente: reconocer y seguir los caminos desconcertantes de Dios. El “éxodo” israelita es el ejemplo privilegiado; un largo caminar por el desierto condujo al pueblo elegido desde el Egipto de la esclavitud a la tierra prometida. El mar mismo se abrió y se hizo camino de liberación. Después de esta dura experiencia de marcha, que fue la gran prueba de fidelidad a Dios, el pueblo llega al lugar de reposo y de dicha.

Al quedar Israel instalado en la tierra prometida, debe seguir caminando por el camino del Señor, que es la ley y los preceptos de la alianza. Desobedecer la ley es extraviarse, entrar en una senda que lleva a la catástrofe. Por eso la ruta de la salvación es siempre camino de conversión y de vuelta a Dios.

Cuando Juan grita la necesidad de hacer llano el camino del Señor, está señalando a Cristo, que es el camino, la verdad y la vida. Cristo ha sido el que nos ha franqueado el camino definitivo de vuelta al Padre, enseñándonos con su obediencia y su muerte la ruta de la resurrección. Por eso los cristianos sabemos que hallar el recto camino es encontrarnos con la persona de Jesús.

“Allanar el camino del Señor” es emprender una marcha de conversión hacia Cristo, que viene a nosotros.
Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Isaías 61,1-2a.10-11Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54
san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24san Juan 1, 6-8. 19-28
de la Palabra a la Vida
La Iglesia quiere llevarnos a una sintonía tal con aquellos que esperaban al Mesías en el desierto que nos propone para hoy un evangelio en el que vemos a Jesús lo mismo que lo veían ellos: nada. Todas las miradas para aquellos que quieran ver algo, que busquen respuestas de alguna forma en su vida, tienen que dirigirse hacia Juan el bautista. A él se le ve, se le escucha, pero al Señor no. La Iglesia que se reúne hoy no ve al Señor, desea escuchar su voz pero escucha otras.

Quiere la Iglesia así conducirnos a la misma expectación que aquellos sentían al entender que algo estaba sucediendo, que algo traía Juan, pero que no eran capaces de captarlo. Quiere así, presentándonos al Señor invisible, prepararnos también para acoger la realidad de otro personaje invisible que determina las lecturas de hoy: el Espíritu Santo, también Señor y también invisible. Este Espíritu se tiene que derramar sobre Cristo para que sea así en nosotros constructor de unidad, de una profunda unidad, unidad con Él que hará que nosotros no andemos divididos. ¿Cuántas veces maquinamos hacer algo y al final lo dejamos? ¿Cuántas veces reconocemos un bien a seguir, a escuchar, a anunciar, y nos quedamos bloqueados, mudos, paralizados? Nos falta unidad. Más evidente es aún entre los unos y los otros… los que sufren, los tristes, los cautivos… encontrarán unidad en Cristo.

Por eso la palabra que encontramos en común en las lecturas de hoy es la alegría, el gozo. El Espíritu invisible se ha posado sobre el Cristo al que aún no veis, para así dar unidad a vuestra vida con la suya. ¿Es posible? Unidad en las familias, entre compañeros, en mi corazón… ¿es posible? Cuando lo que Juan anuncia es alguien que bautiza con Espíritu Santo está anunciando al que va a unir el Antiguo Testamento con el Nuevo: por eso le preguntan tanto. Algo tan grande requiere una gran certeza.

La alegría de un encuentro tan deseado, el de la profecía con el cumplimiento, el de los deseos del corazón con el que los colma, hace preguntar una y otra vez, como esos niños que preguntan constantemente ante el viaje que les lleve al lugar esperado “¿Cuándo llegamos?”. Es normal que surjan preguntas, dudas… por eso Juan es tajante, porque no hay motivo para desconfiar.

En el Adviento la Iglesia trata de conducirnos a la fe constantemente. O velamos, nos convertimos, creemos, o ante la venida del Señor dudaremos. ¡Qué gran pedagogía la de la madre Iglesia, que intenta generar en nosotros los sentimientos y actitudes oportunos para encontrar al Señor! ¡Qué gran maestro ha tenido para ello en Juan! En la venida de Cristo se produce la unidad deseada entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres, entre la vida fugaz y la eterna: ¿cómo no va a ser normal tanta pregunta, tanta excitación, tanta alegría? El Hijo viene para darnos el Espíritu y crear unidad. ¿Qué unidad produce Dios en mí? ¿Qué unidad experimento en la vida de la Iglesia, en la que tantas veces encontramos pecado y división? ¿A qué me mueve Cristo cuando viene a mi vida, a buscar la unidad de los hermanos, o a sembrar discordia? ¿Soy agente de bien, ofrezco respuestas, esperanzas, verdad, tal y como hace Juan el bautista? Puedo repetirme todas esas preguntas en relación con la celebración de la Iglesia: ¿cómo respondo? Sí, la venida del Señor nos llena de esperanza y se alegra nuestro espíritu en Dios, en Él, porque “en”
manifiesta unidad, una feliz unidad.
Diego Figueroa

domingo, 10 de diciembre de 2017

10/12/2017 – Domingo de la 2ª semana de Adviento

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
Preparadle un camino al Señor
Lectura del libro de Isaías 40, 1-5. 9-11
«Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados».
Una voz grita:
«En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos – ha hablado la boca del Señor – ».
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazos los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».Palabra de Dios
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R.
SEGUNDA LECTURA
Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14
No olvidéis una cosa, queridos míos, que: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.
El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión.
Pero el día del Señor llegará como un ladrón.
Entonces los cielos desaparecerán estrepitosamente, los elementos se disolverán abrasados y la tierra con cuantas obras hay en ella quedará al descubierto.
Puesto que todas estas cosas van a disolverse de este modo ¡qué santa y piadosa debe ser vuestra conducta, mientras esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios!
Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.
Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielo nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.
Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables.
Palabra de Dios
Aleluya Lc 3, 4cd. 6
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.
Toda carne verá la salvación de Dios. R
EVANGELIO
Enderezad los senderos del Señor
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 1-8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
– «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».
Palabra del Señor

Domingo de la 2ª semana de Adviento – 10/12/2017

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO
Comentario Pastoral
EL DESIERTO DEL ADVIENTO
Si nos basamos en el comienzo del evangelio de San Marcos, que se lee en este domingo, hay razón suficiente para afirmar que el tema del desierto no es ajeno al espíritu del Adviento. De Juan se dice que era “una voz en el desierto”.

Para nuestra mentalidad actual el desierto es un lugar inhóspito, nada atrayente, donde uno puede morir de sed y de soledad o perderse a causa de la arena o del viento que borra todos los caminos. Sin embargo, el pueblo de Dios tuvo una experiencia muy diferente. En el desierto se sintió salvado, guiado, liberado. Allí Dios le configuró como pueblo suyo, le habló, le alimentó y le mostró su amor.

En realidad el desierto hace referencia al lugar misterioso donde Dios y el hombre se encuentran frecuentemente. En el desierto las tentaciones provocan testimonios de fe, la soledad se cambia en plenitud, la sed se convierte en anhelo, el hambre genera una oración confiada.

En el Adviento de 2017, como en todos, se hace necesario escuchar la voz y el mensaje del Bautista. Necesitamos ir al desierto para escuchar palabras auténticas por encima de los gritos de la vida cotidiana. Ya apenas creemos nada, porque las palabras que siguen aumentando los diccionarios parece que solo sirven para la poesía. Es preciso salir del torbellino de los reclamos publicitarios y del vértigo de las distracciones para encontrar momentos y espacios de sosiego que ayuden a valorar el sentido de nuestra existencia y el valor de nuestros afanes.

Hay que descubrir los desiertos actuales que propician el encuentro con Dios: desiertos de silencio para la escucha y la meditación; desiertos de soledad que reconfortan y animan a una vida mejor, desiertos de consuelo espiritual para superar las lamentaciones inútiles.

Para que no fracase nuestro Adviento hay que ir a los desiertos indispensables de la vida cristiana, que afinan nuestra esperanza, porque “el Señor no tarda” y debe encontrarnos “en paz con él, santos e inmaculados”.

A propósito del desierto, volvemos a leer hoy estos insuperables versos de Isaías: “En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”.
Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Isaías 40, 1-5. 9-11Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
san Pedro 3, 8-14san Marcos 1,1-8
de la Palabra a la Vida
La conversión. En el principio del Adviento volvemos a escuchar, como si de la Cuaresma se tratara, de conversión. Así como las tierras se allanan, es necesario que se allane el corazón del hombre para que pueda recibir al que viene en nombre del Señor, al Verbo encarnado que, sentado a la derecha del Padre, viene misteriosamente “en cada hombre y en cada acontecimiento” a nuestra vida. La conversión que aceptamos que se dé en nosotros condiciona nuestra posibilidad de esperar.

Por eso, podemos entender las palabras del profeta en la primera lectura puestas en labios de Juan en el evangelio como una respuesta: si sabemos que Dios viene, tenemos que esperar. Dios tiene la iniciativa en toda historia, y la humanidad, cada uno de nosotros, encuentra en la conversión la forma apropiada de esperar. De creer, también. Esperamos la venida de Dios a nuestra vida convirtiéndonos, cambiando, allanando caminos, mejorando… pero eso no se acepta si no hay un constante espíritu de vigilancia. ¿Vigilar en el desierto? ¿Qué vigilancia, qué atención requiere de nuestra parte la vida en el desierto, es decir, en ambientes inhóspitos, incómodos, fuera de casa, de la rutina diaria? Juan el bautista tiene palabras misteriosas, hace peticiones que no resultan lógicas. Bien sabemos que el Señor se presenta en el desierto, como un león, como una fiera, entre otras fieras, para ofrecer vida verdadera. El anuncio de Juan consiste en que el día del Señor llegará, llegará, y por eso san Pablo advierte en la segunda lectura: no sólo hay que vigilar para cada día, sino que hay que vigilar porque no sabemos cuál será el último día, en el que Cristo vendrá con toda su potencia. ¡Qué piadosa ha de ser vuestra vida si de verdad creéis y esperáis que Cristo vuelva! Sólo una vida vigilante, piadosa, en constante atención y mejora, que se deja transformar por Dios, será capaz de mostrar a otros, de anunciar con obras, con hechos, que el Señor va a volver y estamos alegres.

El Adviento es un tiempo muy alegre. En él, como hace Juan hoy, se nos recuerdan las razones para esperar: hay una palabra que es fiable. La mía no lo es, la nuestra a duras penas es una palabra fiable, pues tantas veces no hacemos lo que decimos… pero del Señor, la palabra es fiable, y eso es motivo de alegría. Una palabra sobresale entonces entre otras, una palabra está viva, colorida, fresca, entre la monotonía y sequedad del desierto, es la palabra del Señor. Entre palabras vacías, entre desiertos en nuestra vida, entre todo lo que ha escapado de nuestras manos y nos hace recordar lo que hemos perdido, Juan anuncia que tenemos que mirar hacia delante porque tenemos una esperanza firme, y por eso tenemos que convertirnos. Ahora, justo ahora. En el Adviento aprende el cristiano a mirar hacia el futuro. La Palabra de Dios en Adviento es terriblemente pedagógica por eso, porque nos hace mirar al pasado para que podamos aprender a
esperar el futuro. No miramos al mañana sin fundamento, no esperamos una probabilidad matemática que saque nuestro número de la suerte, sino que tenemos la certeza de la Palabra de Dios. Juan ya lo ha comprobado, y por eso da testimonio.

Celebrar con la Iglesia el segundo domingo de Adviento es aprender a esperar al Señor cada día, ilusionados: si viene en los sacramentos, pobres signos, si viene en la Iglesia que se reúne, cuerpo complejo de santos y pecadores, si viene en su poderosa palabra, a veces temblorosa e incomprensible… es que no va a fallarnos. Podemos pedirte que nos muestres tu misericordia, como en el salmo: no es una petición desconfiada, es la certeza de Juan, es la certeza de la Iglesia, la certeza de tu amor.
Diego Figueroa

domingo, 3 de diciembre de 2017

03/12/2017 – Domingo de la 1ª semana de Adviento

ESCRITO POR EL . POSTEADO EN LECTURAS DE MISA
PRIMERA LECTURA
¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!
Lectura del libro de Isaías 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7
Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «nuestro Liberador».
¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos, y endureces nuestro corazón para que no te tema?
Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!
En tu presencia se estremecerían las montañas. «Descendiste, y las montañas se estremecieron».
Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él.
Sales al encuentro del quien practica con alegría la justicia y, andando en tus caminos, se acuerda de ti.
He aquí que tú estabas airado, y nosotros hemos pecado.
Pero en los caminos de antiguo seremos salvados.
Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre nadie salía del letargo para adherirse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.Palabra de Dios
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 
R. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R.
Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó,
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti;
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R.
SEGUNDA LECTURA
Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9
Hermanos:
A vosotros, gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.
Fiel es Dios , el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
Aleluya Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. R
EVANGELIO
Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa
Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»
Palabra del Señor

Domingo de la 1ª semana de Adviento – 03/12/2017

ESCRITO POR WEBMASTER EL . POSTEADO EN HOY DOMINGO
Comentario Pastoral
¡FELIZ AÑO LITÚRGICO!
Hoy comienza el nuevo Año litúrgico, el conjunto de las celebraciones con las cuales la Iglesia conmemora anualmente el misterio de Cristo. Adelantadamente, si se compara con la medida del ciclo solar que propicia el año natural, la Iglesia empieza hoy a girar en torno al Sol sin ocaso, que es Cristo Jesús. Por esta razón, este primer día del año litúrgico no debe pasar inadvertido para el creyente. Hay base para exteriorizar y compartir los deseos de felicidad que nacen de la fe, la esperanza y el amor cristiano.

El tiempo litúrgico se apoya en la ciclicidad del tiempo cósmico, pero la supera porque no asume los ritmos marcados por la naturaleza, los astros o la vegetación. Es una síntesis entre el movimiento circular del tiempo sagrado natural y el avance lineal de la historia actualizada de la salvación. La verdad y autenticidad del tiempo litúrgico descansan en el equilibrio entre la dimensión humana y visible y la dimensión divina y mistérica.


El tiempo litúrgico se repite, como en una espiral progresiva que va hacia la meta definitiva del encuentro con el Señor. Así lo afirmaba Odo Casel: “Como un camino corre serpenteando alrededor de un monte, con el fin de alcanzar poco a poco, en súbita continua y gradual, la cúspide, así también nosotros debemos recorrer en un plano cada vez más elevado el mismo camino, hasta que alcancemos la cumbre, Cristo, nuestra meta”. Este repetirse de las celebraciones, año tras año, ofrece a la Iglesia la oportunidad de un continuo e ininterrumpido contacto con los misterios del Señor.

Los acontecimientos de la vida histórica de Cristo, conmemorados por el año litúrgico, no son propuestos simplemente a la meditación de los fieles como ejemplos que hay que imitar, sino como signos eficaces de salvación realizados por el Cristo histórico y hechos ahora presentes en el “hoy” de la celebración litúrgica, no en su materialidad histórica que pertenece a un pasado irrepetible, sino en su perenne eficacia salvífica.

El año litúrgico es, pues, una epifanía de la bondad de Dios, una evocación eficaz de cuanto ha realizado Jesucristo para salvar al hombre, partiendo de su muerte redentora y de su resurrección, que es el sacrificio pascual de los cristianos. El año litúrgico no es, por lo tanto, una secuencia de misterios aislados, una presencia estática del misterio de Cristo, sino una vertiente existencial, que se convierte en dinámica de comunión comunicación, es decir, en vida de la Iglesia.
Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19
san Pablo a los Corintios 1,3-9san Marcos 13, 33-37
de la Palabra a la Vida
El evangelio según san Marcos asume desde hoy y durante todo el nuevo año litúrgico (con un breve paréntesis veraniego para san Juan) la guía a través de la palabra de Dios y en el camino siguiendo al Señor.

Y la primera advertencia, como bien sabemos, al comenzar este tiempo de adviento consiste en la vigilancia. La vigilancia tiene su sentido en la vuelta del Señor, en su segundo adviento, el que esperamos, y se nos presenta hoy como una actitud a la que se ha desprovisto de todo su sentido trágico, dramático, de todo el conjunto apocalíptico y terrorífico: Solamente velad, pues no sabemos cuándo volverá el dueño. Sorprende, eso sí, el énfasis del Señor: “¡Velad!” Los gritos sirven para advertirnos y también nos sirven, desde hoy, para expresar el deseo de su vuelta: ¡Marana tha! ¡Ven, señor Jesús!

En estos gritos se descubre una íntima confianza en el Señor. Su venida es como la venida de un padre, que todo hijo espera; así lo expresa la profecía de Isaías, al principio y al final: “Tú, Señor, eres nuestro Padre”, hasta tal punto que nosotros somos como arcilla y tú eres el alfarero, somos obra de tu mano.

Por eso deseamos que el cielo se rasgue para que de él venga nuestra agua, nuestra salvación. Esta imagen de los cielos que se abren para que germine el salvador aparecerá especialmente en la segunda parte del Adviento, pero ya aparece en este tema que tanto gusta a Isaías. Esa confianza en el Señor se realiza en la práctica de la justicia, se realiza siguiendo sus caminos, que no son nuestros caminos. Si recorremos este tiempo como tiempo para buscar su justicia, el Señor saldrá a nuestro encuentro.

Por eso, podríamos resumir en dos palabras cómo es la espera del Señor que se nos propone hoy: es a la vez optimista y exigente. Es optimista porque, decía san Pablo, “hemos sido enriquecidos en todo”: la Palabra, el conocimiento de Dios, todo tipo de dones espirituales que nos hacen capaces para, en medio de este mundo que desprecia todo este tipo de virtudes, caminar por los caminos del Señor. Es verdad: en muchos momentos la vida nos pone zancadillas inesperadas, ciega nuestros ojos con deseos y con sentimientos aparentes y nocivos a partes iguales, y seguir al Señor, creer en Jesús, no parece fácil. Y sin embargo, el Señor ha provisto ya para nosotros un barro moldeable, que se adapta bien a su Palabra: el camino se recorre haciendo su voluntad.

Así, el tiempo del Adviento comienza con un realismo animoso: el Señor nos da ánimo y nos invita a levantar la mirada de forma vigilante, evitando cualquier forma de instalarnos, de acomodarnos, de “no hacer”. No hay lugar para la angustia. Esto es el Adviento, un tiempo alegre para la Iglesia. ¿Qué me atormenta? ¿Qué nos permite que viva mi fe con una cierta felicidad, incluso en medio de las dificultades propias? “¡Velad!”.

Aprovechemos la experiencia que nos brinda la celebración de la Iglesia. En ella, Cristo se pone por encima de toda circunstancia y aparece en medio de un pueblo que camina, débil y cansado, pero seguro de que en una buena dirección. Un corazón dócil se atreverá a elevar el corazón a la palabra de Dios y a gritarle: ¡Marana tha! ¡Ven, Señor
Jesús!
Diego Figueroa